DECONTRUCTION, 4 Photos
Al parecer somos seres superficiales. De la superficie del planeta concretamente, donde aprendimos a instalarnos refugiándonos en sus poros y arrugas, amoldándonos a sus protuberancias. Entonces creíamos que la Tierra era madre y cuando se nos iba la vida éramos devueltos con solemnidad al interior en postura fetal. Poco a poco ganamos en complejidad echamos raíces en la Tierra, generamos riquezas y Dioses a los que proteger con muros megalíticos. Levantamos ciudades amuralladas con piedras tan grandes como los miedos, y poco a poco nos fuimos encerrando en espacios, convirtiendo a la capacidad de aislarnos en una de las Bellas Artes: La Arquitectura. Las construcciones de cada época ofrecen una información muy valiosa sobre aquellas otras estructuras intangibles de deseos, temores, esperanzas... el espíritu de aquellas gentes en el tiempo que los alumbró. Así nos detenemos ante las ruinas creyendo ver la radiografía de nuestro esqueleto mental. Sería interesante conocer las conclusiones que sobre nuestras ruinas extraerán las generaciones futuras. Tal vez estudien las cualidades mágicas del ladrillo en serie, unidad mínima constructiva y que, a juzgar por los restos, sería el modelo absoluto de nuestra concepción del espacio inspirando la forma de nuestros edificios de viviendas, nuestros nichos... la base fractal de toda realidad urbana. Seguramente deducirán que vivíamos en una cultura donde se fomentaba el autismo, la incomunicación con el exterior y con nosotros mismos; una sociedad de cuevas apiladas, alejándose de la superficie de la piel, ciegas al entorno natural. Los barrios parecen murallas laberínticas con gente en su interior. Pero la arquitectura no ha recorrido tan largo camino para acabar viviendo en cuevas de ángulos rectos, no habríamos avanzado mucho, sino en la caverna de Platón donde continuamente se proyectan sombras sobre paredes de plasma. Así no se necesita realidad y cada individuo se puede sumergir en un errático viaje virtual, alejándose de toda memoria de realidad objetiva que, inhabilitada, se desvanece. Llegados hasta esta esquina de la historia, es difícil no preguntarse por la herencia arquitectónica que dejaremos a los que vendrán ¿Que pensarán de nuestra sociedad y de nuestro sistema de valores a partir de lo que hemos construido? A lo largo de mi obra artística, , llevo reflexionando sobre la falta de sentido estético incluso funcional del actual “modelo constructivo” a través de grabados, cuadros y esculturas cerámicas. Ha intentado comunicar la preocupación por la especulación salvaje y sus consecuencias en nuestro entorno social, por las mutilaciones paisajísticas, por la deshumanización de aquello que debería expresar lo que somos hoy. Esta serie de pinturas digitales se han planteado como esfuerzo por superar la monotonía estética de nuestro paisaje urbano siempre en estado de construcción, en un intento de reconciliación con sus formas. Para eso ha sido necesaria la “DECONSTRUCCIÓN” mental. Una mirada activa y “poliédrica” heredada de las vanguardias heroicas que fueros capaces de amoldar las formas de su entorno a sus propias estructuras intelectuales y emocionales. El uso de programas informáticos de tratamiento de la imagen y la impresión mecánica del color dialogan con la propia naturaleza industrial de los edificios. Las tintas planas en un acercamiento pop en su mejor tradición de enfocar a los bienes de consumo que definen una época. Los tonos saturados han reforzado los volúmenes dotando a las estructuras de un aspecto irreal, casi “fauve”, señalando así mismo la fiereza de la especulación desbocada. Cada pieza ha sido realizada controlando en todo momento un proceso creativo. Comienza con la captura de fragmentos separado de su entorno, buscando no la destrucción de lo urbano que nos rodea, sino la construcción de una nueva realidad donde se solapan formas, se funden líneas y procesos en un acercamiento cubista sintético que en definitiva sólo busca reconciliar las estructuras exteriores con las interiores.



